El estruendo por Diamond Darrell(Circe) El estruendo, ese fuego seco pero letal hab¡a terminado con la funci¢n. Carolina sollozaba y gem¡a incesantemente mientras repet¡a - ­ tuve que hacerlo, tuve que hacerlo ! - No lo s‚, realmente no s‚ que pensar, quiz  nunca m s pueda volver a creer que todo es racional y cient¡ficamente comprobable... De todas maneras, aunque usted, oficial, tan solo se burle de mi versi¢n y me tome como un loco le dir‚ todo lo que se acerca de este monstruoso incidente del que preferir¡a no tener conocimiento. Todo empez¢ hace aproximadamente 3 semanas, una noche en que Roberto (del cual soy, era mejor dicho, amigo desde el primario junto con Carolina) lleg¢ de una larga expedici¢n que hab¡a realizado a Italia, trajo consigo un extra¤o manuscrito escrito en un idioma que, seg£n ‚l, era el que manejaron los etruscos, como usted sabr , antecesores a los romanos. Roberto siempre se destac¢ por su inteligencia, siempre fue un apasionado de las culturas antiguas, por lo que estudi¢ fervientemente antropolog¡a y arqueolog¡a, recibi‚ndose, en ambas carreras, con honores, pero para que voy a detallar su historial si usted lo debe conocer mejor que yo, as¡ que ser‚ puntual, aunque intentar‚ explicar los hechos con todo detalle posible. Como un ni¤o enloquecido con su descubrimiento nos cont¢ todo acerca de la expedici¢n - Uds. saben que toda mi vida la he dedicado a la civilizaci¢n etrusca - de eso doy fe, siempre fue un apasionado - analizando todo tipo de indicios sobre sus extra¤as costumbres y sobre sus espeluznantes cultos. Pues bien, para poder conocerlos a fondo descubr¡ que no hab¡a otra forma que descifrando su escritura, la cual me dio sin fin de frustraciones y dolores de cabeza ; bueno, ahora he conseguido disiparlos, este papiro que ustedes ven es la soluci¢n a todos mis problemas. Voy a ser m s espec¡fico, luego de que se fund¢ el imperio romano aparentemente los etruscos desaparecieron o se fusionaron con esta civilizaci¢n olvidando completamente su sangrienta religi¢n, bueno, este es un grav¡simo error ya que los algunos etruscos siguieron su culto sin adoptar el romano, sin olvidar a los romanos que se adhirieron a ‚sta. Fue as¡ que unidos a algunos romanos siguieron con su macabro rito a la maldad... que sucedi¢ luego, por qu‚ sucumbieron, qu‚ fue de ellos, cu ndo desaparecieron, eso todav¡a no lo s‚, pero espero que con esto pueda descubrirlo. Eso s¡, lo que es claro es que su obra continu¢ hasta luego del nacimiento de Cristo, ya que la antigedad de este papiro, en conjunci¢n con otro material que encontr‚ con ‚l, as¡ los certifica.- - Pero, ¨D¢nde lo encontraste ? ¨ C¢mo lo descubriste ? - le pregunt‚, a lo que me contest¢ - Ahh ! Cada vez que recuerdo, todo el tiempo que busque alg£n indicio sobre esto que tengo ahora en mis manos, muero de rabia con tan solo pensar lo sencilla que era la soluci¢n...- Abruptamente se levant¢ de su sill¢n favorito, observ¢ un par de minutos su amplia biblioteca cl sica y retir¢ un viejo libro de tapa verde ; silenciosamente lo oje¢ y se detuvo a mitad de ‚l, entonces sonriendo nos lo alcanz¢, se sent¢ nuevamente y dijo - Parsacus fue uno de los tantos poetas poco difundidos entre los latinos, es claro que su obra es un poco "extra¤a" por as¡ decirlo, en palabras de otros poetas y pensadores contempor neos a ‚l hay algunos comentarios sobre su persona nos dan, de por si, una sombr¡a y un comportamiento sarc stico y en roce constante con la locura ; as¡ mismo, por sutiles comentarios de otros autores, se pueden sacar conclusiones acerca de su sadismo, perversi¢n y extremismo, como as¡ tambi‚n su pasi¢n, casi al punto de lo morboso, por las sangrientas luchas de gladiadores. Por ese motivo muchos los llamaban morbidus Parsacus. Como ver n ‚l ten¡a un comportamiento s¡mil al de los etruscos, cosa de la cual no me percate en un principio. Reca¡ en esto £ltimo cuando encontr‚, por mera casualidad, informaci¢n sobre la tr gica muerte de nuestro amigo ; por lo visto, desde hac¡a ya bastante tiempo, por aquel entonces, se hab¡an producido una larga serie de desapariciones de ni¤os y ni¤as de escasa edad. La gente de la zona sospechaba de Parsacus desde hacia tiempo, as¡ que un d¡a uno de los padres de las criaturas desaparecidas lo sigui¢ detenidamente y lo encontr¢, junto con otras conocidas personas de la regi¢n, en un ritual tan macabro que al mismo escritor le fue imposible reproducir. Esto fue suficiente para que esa misma noche los padres de aquellas inocentes almas consumaran su venganza ; aguardaron pacientemente que Parsacus y sus secuaces durmieran, para luego prender fuego sus casas quem ndolos vivos. Poco quedo pues de la obra de este perverso hombre, todo se concentra en unas pocas hojas de ese libro que est n viendo, del cual lo que quiero es recalcar uno de sus versos, que se repiten varias veces y dicen : Si deseas encontrar a los verdaderos dioses solo debes buscar bajo los pies de mi morada todav¡a no comprendo como hab¡a sido tan ciego, como hice para saltear estos versos que completaban el rompecabezas - Ansioso ya a estas alturas lo interrump¡ y le ped¡ junto con Carolina que se explicara mejor. El respondi¢ - ¨ C¢mo, no lo ven ? Es claro que Parsacus ten¡a amplios conocimientos y admiraci¢n sobre los etruscos, es m s, tal vez tuviera alg£n parentesco muy cercano con ellos, por lo que sin duda deber¡a tener una cierta cantidad de libros y manuscritos sobre el tema ; lo extra¤o y a la vez sorprendente es que jam s nadie le conoci¢ una biblioteca o similar. Apenas descubr¡ estos versos emprend¡ el viaje a Italia para intentar encontrar los restos de lo que fue la morada de este ser siniestro. Busque m s informaci¢n respecto a ‚l, investigu‚ y luego de varias semanas di con el lugar adecuado. Realmente tuve mucha suerte, la gente de la zona por siglos hab¡a considerado el lugar maldito, y por lo tanto, nunca se construy¢ ni se toco nada all¡. Enardecido busqu‚ el viejo sistema de desage de lo que fue esa casa y , para mi dicha, todos mis c lculos hab¡an sido correctos ; en aquel lugar hab¡a una peque¤a b¢veda muy bien resguardada que conten¡a una peque¤a pero significativa cantidad de libros, pero lamentablemente la mayor¡a en un estado tan calamitoso que son pr cticamente ilegibles. Sin embargo, este que pude traer conmigo es el m s importante : esta en lat¡n y en etrusco y adem s es seguramente el postulado que entregar¡a Parsacus a sus aprendices una vez iniciados.- - Es incre¡ble - dijo Carolina, a lo que yo pregunt‚ - ¨ Pero c¢mo llegaste a descubrir el lugar en donde estaban estos manuscritos ? todav¡a sigo sin entenderlo. Roberto luego de encender un cigarrillo y dar dos o tres pitadas me respondi¢ - Mira Julio, por lo visto Parsacus sab¡a que su vida no iba a ser muy larga, as¡ que oculto entre su obra dej¢ estos versos indicando que todo lo referente a su culto se encontraba debajo de sus pies, para ser m s espec¡ficos, debajo de su casa, y fue exactamente all¡ donde lo encontr‚.- Tanto Carolina como yo nos quedamos at¢nitos por unos minutos. Mientras tanto Roberto sigui¢ fumando su cigarrillo hasta terminarlo y concluy¢ diciendo - este es una avance de dimensiones gigantes para mi carrera, esto nos dar  fama y fortuna, Caro. Esto es lo que busqu‚ durante a¤os, saber qui‚nes fueron los etruscos, de d¢nde vinieron, qu‚ sucedi¢ con ellos... Es incre¡ble, todo el viaje cre¡ que so¤aba pero no, es verdad... as¡ que ahora me voy a retirar a mi escritorio a analizar mejor esto, por lo que les voy a pedir que por favor no me molesten.- Lamentablemente era verdad, se¤or oficial, la misma verdad que dio como resultado este impredecible final. Como ya le he dicho durante esas 3 semanas su persona fue cambiando gradualmente hasta transformarse en un ser muy poco cercano a lo humano. Los primeros d¡as todav¡a se mantuvo pr cticamente normal, se encerraba durante largas horas seg£n me comentaba Carolina, aunque se le notaba un aire de obsesi¢n que luego se har¡a indescriptible. Como ya le dije, Roberto fue cambiando, pero el auge de su cambio fue en esta £ltima semana cuando Carolina me llam¢ desesperada para que fuera a hablar con ‚l. Al llegar a su casa ella me recibi¢ sumamente angustiada, me comento que hacia dos d¡as que Roberto no sal¡a de su estudio, en el cual se hab¡a encerrado, que no com¡a y probablemente tampoco dorm¡a. Tambi‚n me coment¢ que no respond¡a a sus llamados, aunque sab¡a que estaba consciente ya que, a trav‚s de la puerta, pod¡a escuchar que murmuraba cosas en un idioma que no comprend¡a. Golpee su puerta durante varios minutos, pero no recib¡ respuesta alguna ; por lo visto Roberto estaba demasiado compenetrado en su trabajo. Me qued‚ en su casa todo el d¡a golpeando de a intervalos para que saliera m s no pude conseguirlo. Carolina sumida en la desesperaci¢n ya no sab¡a que hacer, y yo, debo reconocerlo, tampoco. Por esa raz¢n me quede toda la noche haci‚ndole compa¤¡a a mi amiga y a su peque¤o hijo de seis meses, Andr‚s, a la espera de que Roberto entrara en raz¢n y se dignara a salir de su estudio. Esperamos, hasta altas horas de la noche dos d¡as m s, pero fue en vano, en ning£n momento se escuch¢ el chirriar de las bisagras de la vieja puerta de roble que nos separaba de ‚l. A esta altura, comprender  se¤or oficial, ya estabamos sumamente angustiados, hasta ayer, cuatro d¡as ya eran los que Roberto permanec¡a en ese cuarto. No sab¡amos que hacer, si llamarlos a ustedes, a un cerrajero o seguir esperando a que se dignara a salir. Finalmente, por desgracia, optamos por la £ltima alternativa. Ayer esperamos, tambi‚n, todo el d¡a sin novedades. Llegamos a pensar que Roberto hab¡a enloquecido o estaba sumamente enfermo, as¡ que finalmente optamos por llamar a un cerrajero a que abriera esa maldita puerta. Lamentablemente el cerrajero lleg¢ tarde. A eso de las siete de la tarde se escuch¢ el chirriante sonido que tanto hab¡amos anhelado. R pidamente fuimos hacia la puerta, y al ver a Roberto, con su abrecartas en mano, un escalofr¡o recorri¢ todo mi cuerpo. Su aspecto era inhumano, sus pupilas se encontraban sumamente dilatadas, su rostro denotaba una palidez cadav‚rica, su pelo se encontraba opaco y revuelto y su olor era insoportable. Luego de unos minutos de silencio absoluto, que me parecieron eternos, por parte de ‚l como de nosotros, se sonri¢ demencialmente y dijo con una voz enfermiza - Andr‚s, necesito a Andr‚s -. Luego de estas palabras comenz¢ a avanzar hacia el cuarto del bebe. Consider‚ que mi amigo estaba fuera de si, as¡ que intent‚ detenerlo pero su fuerza unida a su robustez era incontenible. Me colgu‚ de su cuello, forcejee, pero finalmente me arroj¢ hacia la pared y al golpearme la cabeza quede inconsciente por varios minutos. Me despert¢ un disparo, el mismo disparo que acab¢ con la vida de mi amigo. Andr‚s lloraba. Carolina hac¡a lo mismo con el brazo izquierdo herido y con un arma en su otra mano. A 3 metros de ella, contra la pared estaba, en medio de un charco de sangre que a£n se expand¡a, el cuerpo de Roberto con los ojos mirando hacia el vac¡o, todav¡a estremeci‚ndose. Usted se preguntar  que fue lo que ley¢ mi amigo para caer en ese ataque de locura, pues bien, creo que nunca lo sabremos, me tom‚ la delicadeza de quemar esos manuscritos para que nadie pueda volver a leerlos. No se si habr‚ procedido bien pero mi alma me hizo sentir que estaba en lo correcto. Eso es todo. A la semana se dio a conocer el veredicto : defensa propia. Tanto la se¤ora Carolina Aguirre como Julio Conde quedaron libres. Al mes se casaron.