Andr‚ Breton Poeta y te¢rico. Fundador, animador y l¡der indiscutido del movimiento surrealista. Naci¢ en Tinchebray (Orne- Francia) el 18 de febrero de 1896. En 1913 traba amistad con Paul Val‚ry, que habr¡a de interrumpirse en 1918 por hondas diferencias ideol¢gicas. Estudia medicina y se inicia en el conocimiento de Freud. En 1916, durante la guerra, conoce a Jaques Vach‚, que habr¡a de ejercer una influencia fundamental sobre ‚l.. En 1917 y 1918 frecuenta asiduamente a Apollinaire. En 1919 funda con Arag¢n y Sopault la revista <>, que se convertir¡a en ¢rgano del dad¡smo en Par¡s. En 1922 inicia la segunda serie de dicha revista bajo su sola direcci¢n y desde el segundo n£mero rompe con el dada¡smo ypara inicia r las experiencias sistem ticas sobre el automatismo ps¡quico, por influencias de las concepciones de Freud. En 1924 aparece el <> y la revista << La R‚volution Surr‚aliste>> (doce n£meros), ¢rgano espec¡fico del movimiento ( los dos primeros n£meros dirgidos por Naville y P‚ret, el tercero por Artaud, desde el cuarto bajo la direcci¢n exclusiva de Breton). Desde 1925 se produce su acercamiento al movimiento marxista revolucionario, mediante su contacto con el grupo de la revista <>. En esta nueva direcci¢n se publica en 1930 la revista <> (seis n£meros). En 1932 las ediciones <> lanzan la lujosa revista <> de la que Breton llegar¡a a ser uno de los principales animadores. En 1938, en un viaje a M‚xico, funda con Diego Rivera y Le¢n Trotsky la <> (F.I.A.R.I.). Despu‚s de la ocupaci¢n alemana de Francia, Breton parte para Estados Unidos, donde reside hasta la terminaci¢n de la guerra. Funda all¡ con Duchamp, Max Enrst y David Hare, la revista bilinge <>>. Vuelve a Par¡s en 1946 y all¡ se reconstruye a su alrededor el grupo surrealista Anima la publicaci¢n de la revista <>, luego <> y m s tarde <>. En 1961 aparece <> (estas dos £ltimas revistas dirigidas personalmente por ‚l). Prepara la exposici¢n Internacional del Surrealismo que tiene lugar en noviembre de 1965 en la galer¡a <> de Par¡s. Muere el 28 de septiembre de 1966. P E Z S O L U B L E IV Los p jaros pierden primero los colores, despu‚s las formas. Quedan reducidos a una existencia ar cnida tan enga¤osa que arrojo mis guantes a lo lejos. Mis guantes amarillos con ribetes negros caen en una llanura dominada por un fr gil campanario. Entonces me cruzo de brazos y acecho. Acecho las risas que surgen de la tierra e inmediatamente florecen en forma de umbelas. Ha llegado la noche parecida al salto de una carpa en la superficie del agua violeta y los extra¤os laureles se entrelazan en el cielo que desciende del mar. Alguien ata un haz de ramas inflamadas en el bosque y la mujer o hada que lo carga en los hombros parece volar ahora, en tanto que las estrellas de color champa¤a se inmovilizan. La lluvia comienza a caer ; es una garacia eterna que sustenta los m s tiernos reflejos. En una sola gota se ve el paso de carromatos lilas por un puente amarillo mientras en otra, que se adelanta, se ve una vida ligera y algunos cr¡menes de posada. Hacia el sur, en una ensenada, el amor sacude sus cabellos llenos de sombra y se ve un barco propicio que circula sobre los techos. Pero los aros de aguan se quiebran uno a uno y sobre el alto fajo de paisajes nocturnos se posa la aurora con un dedo. La prostituta comienza su canto m s apartado que un arroyo fresco del pa¡s del Ala clavada ; pero a pesar de todo tan s¢lo es ausencia. Un aut‚ntico lirio elevado a la gloria de los astros deshace los muslos de la combusti¢n que despierta y el grupo que forman parte para el descubrimiento de la ribera. Pero el alma de la otra mujer se cubre de plumas blancas que la abanican suavemente. La verdad se apoya en los juncos matem ticos del infinito y avanza al mando del  guila ecuestre, mientras el genio de las flotillas vegetales golpea en sus manos y el or culo es revelado por peces el‚ctricos fluidos. EL PEZ-TELESCOPIO ROMPE PIEDRAS AL FONDO DE LOS LIBROS El pez telescopio rompe piedras al fondo de los libros Y el placer hace rodar esas piedras Como van en pendiente de asno muy j¢venes doncellas de otro tiempo Con vestidos de acacia El tiempo es tan claro que tiemblo que no acabe Una r faga sobre tus ojos y no te ver¡a m s Todos los arrecifes ya se han hecho a la mar Los £ltios faroles de paja retroceden ante los apagadores A quienes las mariposas les forman una escafandra Ellos no se arriesgar n en la ciudad de los grandes cardos En donde sopla un viento rubio capaz de descornar a los lucanos Yo habito el coraz¢n de uno de esos cardos Donde tus cabellos son manojos de puertas submarinas Asas para aferrar tesoros Podemos ir y venir sin las piezas estremecidas Errar sin temor en la floresta de surtidores Perdernos en el inmenso espato de Islandia Regada tu carne por el vuelo de mil aves del para¡so Es un alta llama acostada en la nieve La nieve de haberte encontrado La alfombra de cama de un lobo blanco hasta pederse de vista UN HOMBRE Y UNA MUJER ABSOLUTAMENTE BLANCOS En el fondo de la sombrilla veo a las prostitutas maravillosas su vestido un poco marchito del lado del reverbero color de bosques pasean consigo un gran trozo de papez tapiz como no es posible ver sin que se oprima el coraz¢n en los pisos devastados de una casa en demolici¢n o todav¡a una concha de m rmol blanco ca¡da de una chimenea o tadav¡a la red de esas cadenas que tras de ellas se enredan en los espejos el gran instinto de la combusti¢n se apodera de las calles donde ellas permanecen como flores tostadas los ojos a lo lejos levantando por un viento de piedra mientras se abisman inm¢viles en el centro del torbellino nada iguala para m¡ el sentido de su pensamiento inaplicado la frescura del arroyo en que sus zapatos mojan la sombra de su pico la realidad de esos pu¤ados de heno cortados en cuales desaparecen veo sus senos que ponen en punto de sol en la noche profunda y cuyo tiepo de inclinarse y erguirse es la sola medida exacta de la vida veo sus senos que son estrellas sobre las olas sus senos en que llora para siempre la invisible leche azul EL JUICIO ORIGINAL (Extactos) No leas. Mira las figuras blancas que dibujan los intervalos que separan las palabras de muchas l¡neas de los librso, e insp¡rate en ellas. Dale a los dem s a guardar tu mano. No te acuestes sobre las murallas. Retoma la armadura que te has quitado a la edad de la raz¢n. Pon el orden en su lugar, desarregla las piedras del camino. Forma tus ojos cerr ndolos. Dale a los sue¤os que has olvido, el valor de lo que no conoces. No prepares las palabras que gritas. R¢bale el sentido al sonido, hay tambores velados hasta en las vestiduras clara. Habla seg£n la locura que te ha seducido. Lo que encuentras s¢lo te perteneve mientras tu mano est  tendida. Hazles la sorpresa de no confundir el futuro del verbo tener, con el pasado del verbo ser. Al que pida ver el interior de tu mano, mu‚strale los planetas no descubiertos en el cielo. Abstente de lo que tiene la cabeza sobre los hombros. Regula tus marchas con la de las tormentas. Mira la flor de la enredadera: no deja o¡r. ( Andr‚ Breton & Paul Eluard)